domingo, 24 de agosto de 2014

VIOLENCIA ESCOLAR


LOS SENTIDOS DE LA VIOLENCIA ESCOLAR

Dr. Jorge Baeza C.
Sociólogo y Doctor en Ciencias de la Educación, actualmente se desempeña como académico-investigador del Centro de Estudios en Juventud (CEJU) de la Universidad Católica Silva Henríquez, Santiago, Chile.

Dr. Mario Sandoval M.
Trabajador Social y Doctor en Sociología es académico-investigador y Coordinador del Centro de Estudios en Juventud (CEJU) de la Universidad Católica Silva Henríquez, Santiago, Chile.

Resumen
El presente artículo da cuenta del fenómeno de la violencia en las Escuelas; el objetivo es hacer inteligible el horizonte que la violencia quiere significar, detectar su sentido. A través de la violencia en las Escuelas hay un malestar que se quiere expresar, sin ninguna duda. Sin embargo, suponer que los episodios de violencia lo dicen de un modo directo y sin doble discurso es simplificar el problema y cerrar la posibilidad de realizar una hermenéutica.

Palabras clave:
Violencia, escuela, juventud, sentido.

Los diferentes sentidos clásicos del fenómeno de la violencia en la escuela 
Querer comprender la violencia escolar implica reconocer que no basta explicarla. No basta aislar ciertos factores que pueden ser el sustrato de dicha violencia, sus presuntos determinantes, sino suponer que dicho fenómeno algo quiere decir, que los actores de la violencia intentan enunciar algo que por alguna razón no logran decir de otro modo.

Debemos, entonces, hacer inteligible el horizonte que la violencia quiere significar, detectar su sentido. A través de la violencia en las Escuelas hay un malestar que se quiere expresar, sin ninguna duda. Sin embargo, suponer que los episodios de violencia lo dicen de un modo directo y sin dobles discursos es simplificar el problema y cerrar la posibilidad de realizar una hermenéutica. La violencia no habla siempre de un modo directo, hay que identificar y traducir los discursos que están en juego.

Si bien, la Escuela no es el único lugar de violencia, es acertado pensar que ella sería un lugar privilegiado donde la sociedad puede verse a sí misma y ver su violencia. ¿Por qué este privilegio de la Escuela como ventana de la violencia de la sociedad? Probablemente porque frente a la violencia en la Escuela la sociedad no reacciona de la misma manera que frente a la violencia en otros lugares. La violencia en la calle, en el estadio o en otros lugares, se la reprime, se la sanciona, se la juzga y, cuando se puede, se la encarcela. Sin embargo, en la Escuela no (todavía).

En la Escuela la violencia es interrogada, se la quiere comprender. Hay algo de insoportable en aplicar la lógica represiva en las Escuelas, a riesgo de ver entrar a nuestros jóvenes en las comisarías o en las cárceles. La violencia en la Escuela tiene de particular el hecho que nos interpela, nos interroga a nosotros mismos: académicos, profesores, directivos, autoridades, y a todos los implicados en la educación. Es así, entonces, que la Escuela funciona como ventana para mirarnos como individuos y como sociedad. Es por ello, que la violencia en la Escuela, aparece como espacio desde el cual es posible pensarnos e interpretarnos.

Investigaciones realizadas en los últimos años (Sandoval y otros, 2004, 2007, 2011, Baeza, 2001) nos permiten identificar los siguientes sentidos de la violencia escolar:

La violencia como obtención de valor, status o respeto:

El uso de la violencia es frecuentemente presentado como un modo de alcanzar cierto status en el grupo de pares, lo que permite influir en ellos. La violencia es un modo de hacerse respetar –dicen los jóvenes–, de hacerse escuchar, de existir para los otros desde una posición de superioridad o poder. No aceptar provocaciones peleando es un modo de obtener respeto, sobre todo los alumnos nuevos. Imponer respeto se articula dialécticamente con la figura negativa de no ser pasado a llevar(1). Esta es una posición indeseable, según ellos, puesto que sitúa al sujeto en una posición donde es hostigado, humillado y pierde su valor. En el límite, si no impongo respeto, soy, necesariamente, pasado a llevar. Desde esta creencia la violencia toma a veces un sentido preventivo: el sujeto provoca, alardea o pelea para imponer respeto y evitar ser pasado a llevar. No se es molestado y además la opinión del sujeto cuenta.

La violencia como defensa de uno mismo, de otros o de un territorio:

Los jóvenes presentan la defensa de sí mismo como una función capital de la violencia, pero se distinguen en sus discursos dos dimensiones: defenderse “físicamente” y defenderse “psicosocialmente”. Lo que se defiende aquí es la autoestima, la imagen frente a otros. Los jóvenes hablan de una necesidad de mantener, cuidar o incluso mejorar la propia imagen frente a los pares, preocupación que es un motor no despreciable de la violencia. En la violencia física no tiene importancia la mirada, el juicio o la opinión del grupo de pares, y es claramente dual, sin tanta gravitación social.

La violencia como modo de resolver conflictos:

En los jóvenes con un cierto “historial” de violencia en sus Escuelas, el recurso a la pelea, al matonaje, no es siempre el signo de la imposibilidad de resolver un conflicto, sino una manera, a veces eficaz, de resolverlos. La resolución de la pelea a través de un ganador, no solo pone fin a la pelea misma, sino también una seguidilla de conflictos que se han dado históricamente entre los propios pares. De esta forma, resolver un conflicto da sentido a la violencia cuando ésta se ejerce para poner fin a un hostigamiento, para terminar con cierta rivalidad de grupos o pares, para tranquilizar a un agresor, o en la figura de pelear la amistad. Esta última figura se refiere a que los roces o conflictos con un amigo, que amenazan con poner fin a la relación o conducir a un enfrentamiento mayor, se resuelven a través de una pelea, de modo que lo que enturbiaba el vínculo se “descarga” o se “limpia”. Contra el dicho popular según el cual “violencia genera más violencia” en esta figura los jóvenes significan que “la violencia pone fin a la violencia”.

La violencia como catarsis:

En relación a esa suerte de deshacerse de lo que enturbia un vínculo, los jóvenes de nuestras investigaciones presentan la violencia como un modo de desahogo emocional o descarga energética. El desahogo emocional o descarga energética tiene que ver con evacuar emociones de tristeza, pesar, irritación, humillación, ira, y sentirse mejor luego de una pelea. Frecuentemente, se trata de un afecto ingrato que no pudo ser descargado en un conflicto con un tercero ante quien el sujeto no pudo reaccionar.

La violencia para entretenerse:

Muchos de los entrevistados en nuestras investigaciones refieren entretenerse cuando son protagonistas o espectadores de un acto violento. De esta forma, puede leerse cierto placer al ser protagonista de un hecho violento, placer que en otras oportunidades también surge sustentado en las largas jornadas escolares y sus rutinas, que elevan el aburrimiento a niveles insoportables.
A falta de algo mejor que hacer, la violencia emerge como una posibilidad cierta para hacer frente al tedio. No sólo siendo protagonista el joven puede entretenerse, sino también siendo espectador de un “show” violento.

La violencia como reivindicaciones sociales:

La violencia puede tomar sentido para los jóvenes desde una ideología o desdeuna posición social, particularmente la marginación. Desde la ideología se justifica la violencia sobre alguien que ejerce o defiende la brutalidad política o social a través del autoritarismo. Por otro lado, la condición de “marginado socialmente” daría pleno derecho –a ojos de los jóvenes– a ejercer la violencia, y esto incluye lo que dicen alumnos de nivel socioeconómico alto. Es interesante que los jóvenes distinguen este fundamento ideológico o social de la violencia de la venganza, cuya naturaleza la entienden como netamente individual.

Por cierto que aparecen otros elementos, aunque menos saturados en el discurso, que apuntan a darle un sentido a la violencia: por ejemplo, el presentarla como una manera de obtener bienes o dinero de otros; la autoafirmación; la necesidad de pasar suertes de pruebas iniciáticas para hacerse aceptar por un grupo de pares, y otros.

Una nueva figura en la violencia escolar: El rompedor

La educación y la Escuela son hoy objeto de discursos respecto a su importancia estratégica cuando se trata de considerar las posibilidades de los países para desarrollarse. Sin embargo, como lo señala Follari (1996), la educación y la Escuela, sociológicamente hablando, tienen una inevitable función conservadora. Es decir, que lo escolar viene a consolidar, transmitir y sostener valores previamente consolidados y legitimados socialmente. Esta característica de lo escolar, que ha sido funcional al mantenimiento de su status, se ha vuelto extremadamente problemática.

La Escuela, hija de la modernidad parece no saber y no poder responder a los tiempos actuales. Su mandato inicial de constituirse en faro que abría a la posibilidad de la decisión razonada, parece ser insuficiente en un mundo en el que el mercado y la tecnología aparecen como los grandes valores. En este contexto, situaciones tales como los bajos logros académicos y las escasas expectativas que tienen tanto algunos docentes como sus alumnos generan frustración.

En este marco, un aspecto que inquieta de la violencia juvenil y escolar, es que hoy no se trata de la figura del revolucionario clásico o del rebelde, sino del rompedor. Los primeros ejercen la violencia necesaria dentro de un proyecto; su irritación, su ira, su agresividad o su comportamiento desafiante, tiene un sentido: quieren destruir algo, a veces violentamente, pero para construir otra cosa, para obtener algo. La violencia del rompedor –del que destruye sus cuadernos y sus libros o la sala de clases, o que quema los bancos en el estadio– nos desconcierta y no la entendemos porque no aparece relacionada con un proyecto de cambio, no podemos comprender lo que el rompedor gana con su acto. Pero el hecho de no entenderla no quiere decir que sea, necesariamente, incomprensible, sino que nos indica justamente, que es necesario interpretarla.

En la figura del rompedor se pone de manifiesto una figura nueva de la violencia. Se trata, por lo tanto, de una especie de violencia gratuita, que es la que más nos desconcierta. Si logramos comprenderla, podremos contribuir a orientar el diálogo escolar y la construcción de eso que se ha dado en llamar la cultura escolar.

El rompedor es el caso extremo de la especificidad de la violencia juvenil y de la violencia escolar en particular.

Dos hipótesis posibles sobre esta nueva figura:

• La violencia gratuita del rompedor manifiesta un malestar sociocultural profundo, un vacío existencial, una ausencia de proyecto personal.
• La violencia del rompedor estaría relacionada con una dificultad para inscribir objetivamente una referencia, de integrarse a un sistema. Detrás de estas hipótesis, se puede entender que el rompedor, posee:
• Una sensación de invisibilidad social.
• Un malestar sociocultural.
• Un sentimiento de marginalidad y exclusión.
• Un desencanto con el mundo institucional y por extensión con el mundo adulto.
• Una desconfianza en la política.
• La búsqueda de nuevas formas de expresión sociocultural.

La violencia juvenil gratuita en la Escuela (pero no sólo en ella), que podemos identificar en la figura del rompedor, es un signo de que el rompedor no logra relacionar la violencia con un proyecto. El hecho de que se trate de una violencia que no busca nada, que no obtiene nada, que no quiere nada en particular, nos indicaría que el rompedor no tiene nada para construir un proyecto, y que no le basta lo que la sociedad, la familia o la Escuela ponen a su disposición. El rompedor, en su exceso, daría testimonio de algo que le falta –un modo de encauzar legítimamente la violencia necesaria para existir– pero, que no logra decirlo de otro modo sino rompiendo.

La violencia del rompedor se relacionaría, además, con una dificultad para inscribir una Ley, donde la ausencia de una referencia (ethos), sería un síntoma de una dificultad juvenil para estar determinado por una Ley, por un orden. Al no estar inscrita la Ley ¿contra qué podría rebelarse el sujeto? Para rebelarse, para construir proyecto, en particular durante la adolescencia, debe existir algo contra lo que rebelarse, y ese algo debe estar inscrito en el sujeto de alguna manera. Si esto falta, el sujeto queda imposibilitado de posicionarse y hacer emerger un proyecto.

La sociedad y, en particular, la familia, esperan que sea la Escuela la encargada de operar esta inscripción de la Ley, de transmitir una ética. Esta delegación social de la ética hacia la Escuela sería un síntoma de una dificultad de la familia, sobre todo de los padres, de hacerse cargo de dicha tarea. Estamos asistiendo a una renuncia a la función paterna que moviliza silenciosamente un afán por pasar la responsabilidad a la Escuela. Ésta, por su lado, da signos de sentir esta presión, intenta hacerse cargo, pero no puede. La sociedad deja en manos de la Escuela la cuestión de la ética y la Ley. La verdadera cuestión parece ser: ¿Quién está hoy en condiciones de autorizarse a fundar la ética y la ley? La desestabilización de la ética que se está produciendo en Occidente es sin duda relevante en este problema.

Se debe reconocer que los jóvenes actuales, yendo más allá de la figura del rompedor, viven en escenarios socioculturales, económicos y políticos que no les dan cabida a sus inquietudes, a sus demandas y a sus expresiones, en consecuencia, al no tener cabida en estos espacios, ni canales de expresión apropiados, los jóvenes se rebelan de manera poco convencional y utilizan la violencia como medio de expresión y de gestión de sí. Entendiendo la gestión de sí, como la actividad psíquica por la cual el individuo trabaja sobre su condicionamiento social (es decir, sobre sus expectativas y sus límites y la tensión entre ambos), con el fin de forjar una identidad personal y de actuar sobre los otros.

De aquí que la violencia no se ejerce contra un poder específico de la sociedad, buscando cambiar el sistema, sino que es un medio utilizado en la gestión de sí mismo que busca hacerse visible al conjunto de la sociedad.

Ante la debilidad de los lazos sociales que proporcionan la familia, los amigos y el mercado, se busca en el Liceo/ Colegio suplir ese vacío, a integrarse a un ethos mayor, pero dado que las vías tradicionales de integración extra-escolares presentan dificultades, se busca, al interior de los espacios escolares, un protagonismo social negado extramuros, se quiere ser al interior del Liceo/Colegio y, en consecuencia, se intentan diversos medios para lograrlo.

No se trata de ir al Liceo/Colegio por ir. El hecho de estar en el establecimiento (estudiando o no), trasciende el acto mismo de la presencia física; implícitamente, connota y denota un fenómeno mucho más profundo.

La semantización axiológica del discurso juvenil devela como resultado un proyecto activo de búsqueda de integración social. Los ejes semánticos que lo denotan, son los siguientes: asistir al liceo es algo positivo y ello posibilita integración social.

Bibliografía 

* Baeza Correa, J. (2001). El oficio de ser alumno en jóvenes de sector popular. Santiago de Chile: Ed. UCSH, Serie Investigación Nº 19.
* Follari, R. (1996). ¿Ocaso de la escuela? Editorial Magisterio del Río de la Plata. Colección Respuestas Educativas.
* Sandoval, M. (2004-2006). Proyecto FONDECYT Nº 1040694. “Figuras estructurales de la violencia escolar. Hacia una recuperación de la subjetividad educativa”.
* Sandoval, M. (2007). Proyecto FONIDE. “Claves para el mejoramiento de los aprendizajes desde la convivencia escolar. Lineamientos para la gestión de la calidad educativa”
* Sandoval, M. (2008-2011). Proyecto FONDECYT Nº 1080218. “Gestión del conocimiento y reforma del pensamiento en educación. Reformulaciones epistemológicas y sociopolíticas para programas de formación de profesores”.
* Villalta Páucar, M. A. y otros. (2007). “Pasado a llevar”. La violencia en la educación Media Municipalizada. Revista Estudios Pedagógicos XXXIII, Nº 1, pp. 45-62, Valdivia, Chile.

Nota 
1.    La expresión “no ser pasado a llevar” hace referencia a no permitir que otra persona le falte a uno al respeto. En este sentido ser “pasado a llevar” tiene que ver con la ruptura de la norma tácita de igualdad entre las personas. Sobre esta materia es posible ver el trabajo de Villalta Páucar, Marco Antonio (2007).


APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO

Aprendizaje Escolar

"Había que meterse todo aquello en la cabeza del modo que fuera, disfrutándole o aborreciéndole. Tamaña coerción produjo en mí un desaliento tan grande que, tras mi examen final pasé un año entero sin encontrar el más mínimo placer en la consideración de ningún problema científico".  Albert Einstein

Modelo centrado en la enseñanza
      Seguramente la mayoría de los lectores de CONTEXTO EDUCATIVO son profesores interesados en reflexionar sobre temas educativos que les permitan mejorar su práctica cotidiana. Si, como suponemos, son personas dedicadas, o al menos, interesadas en la docencia, esto nos lleva a una reflexión, sencilla pero indispensable para poder continuar, ¿cuál es la esencia de nuestro trabajo?, es decir, ¿qué tendrá que suceder para que podamos afirmar que somos mejores maestros?
      Al maestro se le exige hoy en día cualquier cantidad de características y competencias, que pueden desviar la atención sobre la esencia del trabajo mismo. Por ejemplo, es frecuente encontrar alumnos, padres de familia o incluso colegas que afirman con seguridad: "el maestro debe ser un amigo" o "el maestro es un facilitador". Podemos agregar muchas cosas que la sociedad opina que el maestro debe ser, y que se agolpan sobre su identidad presionándola y con fundiéndola. Sin embargo, en esta acumulación de buenos propósitos, es frecuente perder el sentido mismo de la docencia.
      Se piensa con frecuencia que la esencia del trabajo del docente es enseñar. Podemos analizar esta concepción de modelo educativo en las actividades realizadas por el profesor y por el alumno.
Modelo pedagógico centrado en la enseñanza
El Profesor
El Alumno
  • Explica los temas de clase
  • Atiende las explicaciones.
  • Expone conocimientos
  • Adquiere conocimientos
  • Encarga tareas
  • Realiza tareas
  • Elabora exámenes
  • Prepara exámenes
  • Califica
  • Aprueba o reprueba
       Como podemos observar, el papel del alumno en este modelo es totalmente reactivo; es decir, el alumno reacciona a las actividades realizadas por el maestro. Normalmente, los cursos tienen un gran énfasis en la adquisición de conocimientos, el profesor supone que el reconocimiento a sus alumnos y a su trabajo está en función de cuánto aprenden. Algunos de estos profesores se hacen exitosos por añadir temas a los programas de los cursos para que sus alumnos salgan mejor preparados.
      Desde esta concepción se asume que para ser mejor profesor es necesario saber más sobre la materia o sobre didáctica.

Modelo centrado en el aprendizaje
      En contraste, en la actualidad se impulsa un modelo educativo que se centre, no en el profesor, como en el modelo tradicional; tampoco en el alumno como se llegó a proponer en algunas escuelas de tipo activo. Hoy se busca centrar el modelo educativo en el aprendizaje mismo. El cual deberá ser perseguido y propiciado por el docente, implicando en ello todo su profesionalismo.
      Las actividades del profesor y del alumno en este modelo son diferentes. Contrastemos con el cuadro anterior.

Modelo pedagógico centrado en el aprendizaje
El Profesor
El Alumno
  • Diseña actividades de aprendizaje
  • Realiza actividades
  • Enseña a aprender
  • Construye su propio aprendizaje
  • Evalúa
  • Se autoevalúa
      El papel del alumno en este modelo no es sólo activo: diríamos que es proactivo.
      Desde esta perspectiva, se puede entender una afirmación tajante y aparentemente paradójica:
El trabajo del docente no es enseñar,
el trabajo del docente es propiciar que sus alumnos aprendan.
      Como advierte Frida Díaz Barriga (98), la función del trabajo docente no puede reducirse ni a la de simple transmisor de la información, ni a la de facilitador del aprendizaje. Antes bien, el docente se constituye en un mediador en el encuentro del alumno con el conocimiento. En esta mediación el profesor orienta y guía la actividad mental constructiva de sus alumnos, a quienes proporciona ayuda pedagógica ajustada a su competencia.
      Esta afirmación nos lleva a una reflexión sobre la profesionalización del trabajo docente. Pareciera que el maestro es el único profesional que no siente obligación de rendir cuentas de sus resultados ante nadie. ¿Qué pensaríamos de un vendedor, que responsablemente se presente todos los días a trabajar, que sea amable y respetuoso con la clientela, pero que no logre vender nada o muy poco? ¿Por cuánto tiempo conservará su trabajo? El maestro no tiene este problema. Puede terminar el curso reprobando a gran cantidad de alumnos y, encima, sentirse orgulloso. Además, las instituciones educativas generalmente ponen más atención en lo que hace el maestro (si es puntual, responsable, usa material didáctico, etc.), que en los aprendizajes obtenidos por sus alumnos.
·  Aprender a aprender
      La mayoría de los idearios o proyectos escolares, incluso el artículo 3º constitucional, persiguen un alumno con características proactivas, a saber: "...desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentar en él, a la vez, el amor a la Patria, la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia; será democrático..., será nacional..., atenderá a la comprensión de nuestros problemas, al aprovechamiento de nuestros recursos..., contribuirá a la mejor convivencia humana..." etc. ¿Estaremos propiciando su formación con actividades de pensamiento y acción de tipo reactivo?
      La UNESCO propone: nuestros alumnos deberán aprender a conocer, a hacer, a ser y a convivir. Utilicemos, pues, técnicas y estrategias que propicien todos estos aprendizajes. En esta perspectiva, afirmamos lo que con el pasar de las páginas será evidente, los mapas conceptuales son una herramienta útil para propiciar aprendizajes significativos en estos cuatro pilares.
·  Mitos
      Probablemente, no existe maestro que no haya escuchado alguna vez esta extraña expresión. Sin embargo, habrá que reconocer con humildad que son pocos quienes tienen claro a qué se refiere. Diversas opiniones a fuerza de repetición se convierten en mitos, que lejos de explicar la expresión, constituyen distractores sobre la esencia del trabajo docente.
  • Primer mito: El aprendizaje significativo se da cuando el alumno "se divierte" aprendiendo.
No necesariamente. Hemos visto muchos intentos de integrar experiencias lúdicas en varios niveles educativos, y sin embargo, los alumnos no aprenden más que aquellos que reciben clases tradicionales. Los alumnos se divierten, claro está, pero nuestro trabajo no es el entretenimiento.
  • Segundo mito: El aprendizaje significativo se da cuando los contenidos se ofrecen "adaptados" a los intereses del alumno.
No necesariamente. ¿Quién puede asegurar lo que realmente les interesa a sus alumnos? ¿Acaso debemos renunciar a un contenido porque éste no resulte atractivo a nuestros alumnos? El maestro debe buscar interesar al alumno en el contenido, pero esto no basta. La mayoría de nuestros alumnos están interesados en aprender computación e inglés, y sin embargo sabemos que esto no es suficiente.
  • Tercer mito: El aprendizaje significativo se da cuando el alumno "quiere aprender".
Tampoco es exacto. Pensemos en las caras de nuestros alumnos el primer día de clase. ¿Acaso podemos negar que la mayoría, aún aquellos que han fracasado anteriormente, llegan con ilusión de empezar bien el curso y aprender. Sin embargo, el tiempo nos confirma nuevamente que esto no basta.
  • Cuarto mito: El aprendizaje significativo se da cuando el alumno "descubre por sí mismo" aquello que ha de aprender.
Falso. Como descubriremos más adelante, no todo lo que el alumno aprende lo hace por descubrimiento, ni todo lo que el alumno "descubre" es aprendido. El aprendizaje por recepción, si se cumplen ciertas condiciones puede ser igualmente eficaz o más que el aprendizaje por descubrimiento.
  • Quinto mito: El aprendizaje significativo se da cuando el alumno "puede aplicar" lo aprendido.
La implicación es poco exacta. Más bien se debería afirmar que si el aprendizaje es significativo, es posible transferirlo. De otra manera, no afirmamos nada sobre el proceso de aprendizaje y por lo tanto no podemos orientar nuestra práctica.
      Entonces, ¿qué es realmente el Aprendizaje Significativo y cómo propiciarlo? Buscaremos la respuesta en los orígenes de esta teoría. Advertimos que no pretendemos hacer un análisis exhaustivo de la misma, ni siquiera una síntesis. Simplemente pretendemos revisar aquellos elementos que sustentan nuestra reflexión sobre la práctica docente.

·  La perspectiva de Ausubel
      En la década de los 70's, las propuestas de Bruner sobre el Aprendizaje por Descubrimiento cobraban adeptos en forma acelerada. Las experiencias se orientaban a que los niños en las escuelas construyeran su conocimiento a través del descubrimiento de contenidos. Se privilegió, entonces, el activismo y los experimentos dentro del aula. Ante la llegada de lo nuevo, se criticó severamente el modelo expositivo tradicional.
      Ausubel reconoció las bondades del aprendizaje por descubrimiento, pero se opuso a su aplicación irreflexiva. Después de todo hay que considerar que el aprendizaje por descubrimiento tiene una desventaja: necesita considerablemente más tiempo para la realización de actividades.
      Ausubel considera que el aprendizaje por descubrimiento no debe presentarse como opuesto al aprendizaje que resulta de una exposición (aprendizaje por recepción), pues éste puede ser igualmente eficaz (en calidad) que aquél, si se dan ciertas características. Además, puede ser notablemente más eficiente, pues se invierte mucho menos tiempo.
      Así, el aprendizaje escolar puede darse por recepción o por descubrimiento, como estrategia de enseñanza, y puede lograr en el alumno aprendizajes de calidad (llamados por Ausubel significativos) o aprendizajes de baja calidad (memorísticos o repetitivos). Se considera que el aprendizaje por recepción no implica, como mucho se critica, una actitud pasiva del alumno; ni tampoco las actividades diseñadas para guiar el aprendizaje por descubrimiento garantizan la actividad cognoscitiva del alumno.

Características del Aprendizaje Significativo
      David P. Ausubel acuña la expresión Aprendizaje Significativo para contrastarla con el Aprendizaje Memorístico.
      Así, afirma que las características del Aprendizaje Significativo son:
  • Los nuevos conocimientos se incorporan en forma sustantiva en la estructura cognitiva del alumno.
  • Esto se logra gracias a un esfuerzo deliberado del alumno por relacionar los nuevos conocimientos con sus conocimientos previos.
  • Todo lo anterior es producto de una implicación afectiva del alumno, es decir, el alumno quiereaprender aquello que se le presenta porque lo considera valioso.
      En contraste el Aprendizaje Memorístico se caracteriza por:
  • Los nuevos conocimientos se incorporan en forma arbitraria en la estructura cognitiva del alumno.
  • El alumno no realiza un esfuerzo para integrar los nuevos conocimientos con sus conocimientos previos.
  • El alumno no quiere aprender, pues no concede valor a los contenidos presentados por el profesor.
Ventajas del Aprendizaje Significativo
      El Aprendizaje Significativo tiene claras ventajas sobre el Aprendizaje Memorístico:
  • Produce una retención más duradera de la información. Modificando la estructura cognitiva del alumno mediante reacomodos de la misma para integrar a la nueva información.
  • Facilita el adquirir nuevos conocimientos relacionados con los ya aprendidos en forma significativa, ya que al estar clara mente presentes en la estructura cognitiva se facilita su relación con los nuevos contenidos.
  • La nueva información, al relacionarse con la anterior, es depositada en la llamada memoria a largo plazo, en la que se conserva más allá del olvido de detalles secundarios concretos.
  • Es activo, pues depende de la asimilación deliberada de las actividades de aprendizaje por parte del alumno.
  • Es personal, pues la significación de los aprendizajes depende de los recursos cognitivos del alumno (conocimientos previos y la forma como éstos se organizan en la estructura cognitiva).
      A pesar de estas ventajas, muchos alumnos prefieren aprender en forma memorística, convencidos por triste experiencia que frecuentemente los profesores evalúan el aprendizaje mediante instrumentos que no comprometen otra competencia que el recuerdo de información, sin verificar su comprensión.
      Es útil mencionar que los tipos de aprendizaje memorístico y significativo son los extremos de un continuo en el que ambos coexisten en mayor o menor grado y en la realidad no podemos hacerlos excluyentes. Muchas veces aprendemos algo en forma memorista y tiempo después, gracias a una lectura o una explicación, aquello cobra significado para nosotros; o lo contrario, podemos comprender en términos generales el significado de un concepto, pero no somos capaces de recordar su definición o su clasificación.
Requisitos para lograr el Aprendizaje Significativo
      De acuerdo a la teoría de Ausubel, para que se puedan lograr aprendizajes significativos es necesario se cumplan tres condiciones:
1. Significatividad lógica del material. Esto es, que el material presentado tenga una estructura interna organizada, que sea susceptible de dar lugar a la construcción de significados. (Coll,). Los conceptos que el profesor presenta, siguen una secuencia lógica y ordenada. Es decir, importa no sólo el contenido, sino la forma en que éste es presentado.

2. Significatividad psicológica del material. Esto se refiere a la posibilidad de que el alumno conecte el conocimiento presentado con los conocimientos previos, ya incluidos en su estructura cognitiva. Los contenidos entonces son comprensibles para el alumno. El alumno debe contener ideas inclusoras en su estructura cognitiva, si esto no es así, el alumno guardará en memoria a corto plazo la información para contestar un examen memorista, y olvidará después, y para siempre, ese contenido.

3. Actitud favorable del alumno. Bien señalamos anteriormente, que el que el alumno quiera aprender no basta para que se dé el aprendizaje significativo, pues también es necesario que pueda aprender (significación lógica y psicológica del material). Sin embargo, el aprendizaje no puede darse si el alumno no quiere aprender. Este es un componente de disposiciones emocionales y actitudinales, en el que el maestro sólo puede influir a través de la motivación.
Tipos de Aprendizaje Significativo
      Ausubel señala tres tipos de aprendizajes, que pueden darse en forma significativa:
1.        Aprendizaje de Representaciones: Es cuando el niño adquiere el vocabulario. Primero aprende palabras que representan objetos reales que tienen significado para él. Sin embargo aún no los identifica como categorías. Por ejemplo, el niño aprende la palabra "mamá" pero ésta sólo tiene significado para aplicarse a su propia madre.

2.        Aprendizaje de Conceptos: El niño, a partir de experiencias concretas, comprende que la palabra "mamá" puede usarse también por otras personas refiriéndose a sus propias madres. Lo mismo sucede con "papá", "hermana", "perro", etc.
También puede darse cuando, en la edad escolar, los alumnos se someten a contextos de aprendizaje por recepción o por descubrimiento y comprenden conceptos abstractos tales como "gobierno", "país", "democracia", "mamífero", etc.

3.        Aprendizaje de Proposiciones: Cuando el alumno conoce el significado de los conceptos, puede formar frases que contengan dos o más conceptos en las que se afirme o niegue algo. Así un concepto nuevo es asimilado al integrarlo en su estructura cognitiva con los conocimientos previos. Dicha asimilación puede asimilarse mediante uno de los siguientes procesos:

·       Por diferenciación progresiva. Cuando el concepto nuevo se subordina a conceptos más inclusores que el alumno ya conocía. Por ejemplo, el alumno conoce el concepto de triángulo y al conocer su clasificación puede afirmar: "Los triángulos pueden ser isósceles, equiláteros o escalenos".

·       Por reconciliación integradora. Cuando el concepto nuevo es de mayor grado de inclusión que los conceptos que el alumno ya conocía. Por ejemplo, el alumno conoce los perros, los gatos, las ballenas, los conejos y al conocer el concepto de "mamífero" puede afirmar: "Los perros, los gatos, las ballenas y los conejos son mamíferos".

·       Por combinación. Cuando el concepto nuevo tiene la misma jerarquía que los conocidos. Por ejemplo, el alumno conoce los conceptos de rombo y cuadrado y es capaz de identificar que: "El rombo tiene cuatro lados, como el cuadrado".

      Cuando un adulto ha asimilado un contenido, a veces olvida que esto es un proceso que, para el alumno, representa un esfuerzo de acomodación de su estructura cognitiva. Recordemos la dificultad que representa para un niño de menos de seis años comprender la relación entre: México, Matehuala, San Luis Potosí, Europa, Brasil, etc. Necesitará reconciliarlos mediante los tipos de asimilación arriba presentados y la comprensión de los conceptos: municipio, estado, país, continente.

      El aprendizaje de proposiciones es el que podemos apoyar mediante el uso adecuado de mapas conceptuales, ya que éstos nos permiten visualizar los procesos de asimilación de nuestros alumnos respecto a los contenidos que pretendemos aprendan. Así, seremos capaces de identificar oportunamente, e intervenir para corregir, posibles errores u omisiones.

Implicaciones Didácticas
      Del conocimiento de los requisitos para que un aprendizaje se dé en forma significativa, se desprenden consecuencias de tipo didáctico para quienes tenemos la obligación esencial de propiciarlos cotidianamente.

      En primer lugar, podemos señalar el conocer los conocimientos previos del alumno. Es decir, debemos asegurarnos de que el contenido a presentar pueda relacionarse con ideas previas, por lo que el conocer qué saben nuestros alumnos sobre el tema nos ayudará a intervenir sobre nuestra planeación. El mismo Ausubel escribe, como frase introductoria de su clásico libro Psicología Educativa: "Si tuviese que reducir toda la psicología educativa a un solo principio, enunciaría éste: el factor más importante que influye en el aprendizaje es lo que el alumno ya sabe. Averígüese esto, y enséñese en consecuencia".

      En segundo lugar está la organización del material de nuestro curso, para que tenga forma lógica y jerárquica, recordando que no sólo es importante el contenido sino la forma en que éste sea presentado a los alumnos, por lo que se deberá presentar en secuencias ordenadas, de acuerdo a su potencialidad de inclusión.

      En tercer lugar está el considerar la importancia de la motivación del alumno. Recordemos que si el alumno no quiere, no aprende. Por lo que debemos darle motivos para querer aprender aquello que le presentamos. El que el alumno tenga entonces una actitud favorable, el que se sienta contento en nuestra clase, el que estime a su maestro, no son románticas idealizaciones del trabajo en el aula sino que deberán buscarse intencionalmente por quienes se dedican profesionalmente a la educación. Como afirma Don Pablo Latapí: "si tuviera que señalar un indicador y sólo uno de la calidad en nuestras escuelas, escogería éste: que los alumnos se sientan a gusto en la escuela".


MANOLO OTERO - CUANDO CALIENTA EL SOL

Ángel Parra 1972 - Cuando amanece el día.

Ali Primera y Soledad Bravo - Flora y Ceferino